viernes, 10 de junio de 2011

Francisco Jaén Hidalgo: una vida para y por la marroquinería

Como ya informamos desde esta web, el pasado 3 de junio tuvo lugar en el Museo de la Piel el Homenaje al Petaquero, en el que una de las personas que recibió el reconocimiento en esta edición fue el empresario de la piel D. Francisco Jaén Hidalgo. Reproducimos a continuación el discurso pronunciado en dicho acto por el Sr. Gavira en el que se hace un recorrido por la biografía personal y profesional del homenajeado. [Foto: Paco Solano]

FRANCISCO JAÉN HIDALGO, una vida para y por la marroquinería.

El pasado año, y en un acto similar la que celebramos hoy, hijos de la trabajadora que recibió el reconocimiento por parte del Gremio de Petaqueros me pidieron que estuviera presente en el homenaje a su madre, mi querida amiga y compañera de trabajo Dolores Núñez Barroso.

Este año, los hijos de otro gran amigo me solicitan que les presente un abreve síntesis de historial marroquinero de Francisco, encargo que acepté gustoso como no podía ser menos.

Ante estas coincidencias me hago un pregunta ¿Es que me he rodeado siempre de buena gente o me llaman para aprender de ellos?

La relación con la familia Jaén Rojas es más antigua de lo que ellos puedan pensar ya que se abuela Elena se encargaba de adaptar la ropa de mis hermanos para que me sirviera a mi… Otro tipo de “crisis”. Con su abuelo Juan, aunque con la lógica diferencia de edad, también colaboré en diversos asuntos, mantuvimos una buena amistad y hasta compartimos tabique cuando se trasladó a la calle Rosario.

Nuestro protagonista, Francisco Jaén Hidalgo, vino al mundo un día cuatro de Enero de mil novecientos treinta y seis; Ana tendría que usar mucho “picón” para calentarlo, ya que en aquellos tiempos la calefacción brillaba por su ausencia.

Fue a la escuela Parroquial hasta los dieciséis años y es posible que ello influyera en su profundo sentido religioso de la vida; juntos compartimos vivencias en los aspirantes y juventud de acción católica. Pasado un tiempo me relevó como Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios (por cierto que su padre había sido compañero mío de la Directiva).

A muy temprana edad comenzó a trabajar en la fábrica que su padre tenía en la calle Fuentezuela, 37. Él le enseñó a conocer todos y cada uno de los procesos de creación artesanal de la marroquinería a la que entregaría y dedicaría toda su vida.

En el año 1957 inició el servicio militar en Tablada (Sevilla) cumpliendo el periodo reglamentario de dieciocho meses; la vuelta coincidió con los finales de 1958, incorporándose de nuevo al trabajo esta vez en la calle Rosario, 4 donde había trasladado la fábrica su padre. Por cierto que en el año 1975 la fue concedida a la citada calle el premio a la mejor conservada y acudimos su padre y yo a recoger la placa acreditativa.

En el año 1959 dejó la tutela paterna y junto con su cuñado Manuel Vilches Romero fundó su propio negocio situado en la Plaza de la Verdura, 10 con el nombre comercial “Francisco Jaén Hidalgo, SL”. En los primeros tres años llegaron a tener hasta quince empleados.

En el año 1963 el progresivo crecimiento del negocio exigió el traslado  del mismo a un nuevo local de mayor capacidad y adecuar las instalaciones a una plantilla de treinta trabajadores; el local estaba situado en la calle Palma, 3. Dos años más tarde, y ante el auge continuo del negocio, realiza un nuevo traslado a la calle Toledo, 45 donde, curiosamente, llega a tener cuarenta y cinco empleados.

En le año 1968 al quedar vacío el local que había pertenecido a la fábrica conocida por “El Alfa”, en la calle Nevada, lo adquirieron en propiedad para disponer de más espacio ya que en la temporada alta llegaron a contar hasta con sesenta empleados.

Los continuos traslados hacia locales mayores dan fe del crecimiento continuado de la Empresa, fruto del buen hacer de la dirección y de sus trabajadores. Fue en esta última ubicación donde vivió el periodo más fructífero de su etapa empresarial. Además de estar bien situado en le mercado nacional; se sentaron las bases para posicionarse en el internacional; fruto de ello fue disponer de una buena cartera de clientes en Alemania, Holanda, Estados Unidos e Italia.

A la Empresa “Francisco Jaén Hidalgo, SL” le llega su fin en el año 1985 al no poder superar la grave crisis económica sufrida no sólo a nivel local sino al nacional. No fue la única ya que esta situación llevó consigo la desaparición de un buen número de Empresas marroquineras de Ubrique.

Entre 1986 y 1990 hace un nuevo intento por resurgir, esta vez bajo la denominación comercial de “Manuel Vilches Romero, SA”. Sin embargo, es tal el lastre que se arrastra de la situación anterior que deriva en la disolución definitiva de la Sociedad creada con su cuñado en 1959.

En 1991, partiendo de la nada, y con el apoyo de sus hijos, crea la Sociedad “Gertrudis Rojas Román, SL”. Eran tiempos donde el coraje, la casta, el corazón y el conocimiento adquirido a lo largo de los años se hacían imprescindibles, pero todas estas circunstancias concurrían en el personaje que nos ocupa.

Gracias a la puesta en práctica de todos los condicionantes anteriores y el duro esfuerzo realizado, poco a poco se fue recuperando una posición tanto en el mercado nacional como en el internacional.

En 1996 crea la Empresa “Jaén Hermanos, SC” con la ayuda de sus hijos; sigue dando sus frutos y hace crecer el negocio hasta llegar al momento actual en que la empresa pasa a denominarse “Artesanos Marroquineros Jaén, SL”.

En el año 2000 se jubila pero con sus consejos sigue prestando a sus hijos su impagable experiencia y asegurando que el conocimiento adquirido y desarrollado a lo largo de tantos años sea transmitido a la siguiente generación, contribuyendo de esta forma al sostenimiento del trabajo artesanal con la piel en Ubrique. Hasta aquí su historial como petaquero.

Quiero terminar con algo que en forma alguna puedo dejar en el tintero y lo digo sinceramente y sin tener en cuenta la amistad que siempre nos unió: Francisco ha sido para mí, básicamente un hombre honrado; estoy convencido de que la honradez es una virtud de la que cada vez estamos más necesitados en estos tiempos. En las ocasiones difíciles -y sé que ha pasado por más de una-, con las dudas propias de cuál es la mejor opción, ha sabido mantener la calma, transmitir serenidad y tomar la decisión adecuada.

No me resisto a hacer justicia si digo algo que se repite muchas veces a lo largo de la historia: “Al lado de la vida de un gran hombre siempre ha estado una gran mujer”; en este caso, su esposa Gertrudis.

Que la Virgen de los Remedios, a través de su Hijo te dé salud y larga vida para seguir dando ejemplo de sencillez y honradez… Y yo que lo vea.  

Ubrique, 3 de Junio de 2011.

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